¡Canto humilde y humillado de los mingitorios cansados de cantar! ¡Y silencio de las estrellas, sobre el asfalto humedecido!

¡Los patios fabrican azahares y noviazgos!

Hay efebos barbilampiños que usan una bragueta en el trasero. Hombres con baberos de porcelana. Un señor con un cuello que terminará por estrangularlo. Unas tetas que saltarán de un momento a otro de un escote, y lo arrollarán todo, como dos enormes bolas de billar.
Cuando la puerta se entreabre, entra un pedazo de “Fox-trot”.

¡Salones! Salones de artesonados tormentosos donde cuatrocientas cariátides se hacen cortes de manga entre una bandada de angelitos.
“HUMILITAS”
Alcobas con lechos de topacio que exigen que quien se acueste en ellos se ponga por lo menos una “aigrette” de ave de paraíso en el trasero.
“HUMILITAS”

Mientras las viejecitas,
con sus gorritos de dormir,
entran a la nave
para emborracharse de oraciones,
y para que el silencio
deje de roer por un instante
las narices de piedra de los santos.

¡Plantas callicidas! Negras vestidas de papagayo,
con sus crías en uno de los pliegues de la falda.
Palmeras, que de noche se estiran para sacarle
a las estrellas el polvo que se les ha entrado
en la pupila.

¡Canto humilde y humillado de los mingitorios cansados de cantar! ¡Y silencio de las estrellas, sobre el asfalto humedecido!

Jardines que se derraman en el lago en una cascada de terrazas, y donde los pavos reales abren sus blancas sombrillas de encaje, para taparse el sol o barren, con sus escobas incrustadas de zafiros y de rubíes, los caminos ensangrentados de amapolas.
“HUMILITAS”

Yo dudo que aun en esta ciudad de sensualismo, existan falos más llamativos, y de una erección más precipitada, que la de los badajos del “campanile” de San Marcos.

Y de noche:
¡ILUMINACIÓN!
a cargo de las constelaciones.

¡Barcas heridas, en seco, con las alas plegadas!
¡Tabernas que cantan con una voz de orangután!

Con sus caras pintarrajeadas, los edificios saltan unos encima de otros y cuando están arriba, ponen el lomo, para que las palmeras les den un golpe de plumero en la azotea.

¡Se celebra el adulterio de María con la Paloma Sacra!
Una lluvia pulverizada lustra “La Plaza de las Verduras”, se hincha en globitos que navegan por la vereda y de repente estallan sin motivo.
Entre los dedos de las arcadas, una multitud espesa amasa su desilusión; mientras, la banda gruñe un tiempo de vals, para que los estandartes den cuatro vueltas y se paren.

El sol ablanda el asfalto y las nalgas de las mujeres, madura las peras de la electricidad, sufre un crepúsculo, en los botones de ópalo que los hombres usan hasta para abrocharse la bragueta.

La vida aquí es urbana y es simple.
Sólo la complican:
Uno de esos hombres con bigotes de muñeco de cera, que enloquecen a las amas de cría y les ordeñan todo lo que han ganado con sus ubres.
El guardián con su bomba, que es un “Manneken-Pis”.
Una señora que hace gestos de semáforo a un vigilante, al sentir que sus mellizos se están estrangulando en su barriga.

¡Marineros con cutis de pasa de higo y como garfios los dedos de los pies!
Marineros que remiendan las velas en los umbrales y se ciñen con ellas la cintura, como con una falda suntuosa y con olor a mar.
Al atardecer, un olor a frituras agranda los estómagos, mientras los zuecos comienzan a cantar...
Y de noche, la luna, al disgregarse en el canal, finge un enjambre de peces plateados alrededor de una carnaza.

Jardines donde los guardianes lustran las hojas de los árboles para que al pasar, nos arreglemos la corbata, y que—ante la desnudez de las Venus que pueblan los boscajes—nos brindan una rama de alcanfor...
¡ISOLA BELLA!...
Isola Bella, sin duda, es el paisaje que queda bien, en la tela que pintan las inglesas.
Isola Bella, con su palacio y hasta con el lema del escudo de sus puertas de pórfido:
“HUMILITAS”

Por ochenta centavos, los fotógrafos venden los cuerpos de las mujeres que se bañan.

¡Canto humilde y humillado de los mingitorios cansados de cantar! ¡Y silencio de las estrellas, sobre el asfalto humedecido!

Por ochenta centavos, los fotógrafos venden los cuerpos de las mujeres que se bañan.

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