¡Cariñito! ¿Cuál habrá sido tu suerte?, ¿qué hombre podrá bien quererte, para tu bien o tu mal?

¡Cariñito!, aún no he podido olvidarte. ¡Cariñito!, por qué lado andarás…

Que tu viejita se muere de tanto sufrir por vos. Que ella ya te ha perdonado porque nos quiere a los dos…

Aunque mala me hayas sido y el perdón no merecés, volvé, que yo me he olvidado… Volvé a tu casa otra vez

¡Cariñito!, que te fuiste de mi lado dejándome destrozado para mi mal o mi bien

¡Cariñito! Te llamaban los muchachos. ¡Cariñito! Te llamaba yo también

Te fuiste detrás de un hombre que a poco te abandonó. Sé que pasaste miserias y que sufriste un horror…

Te fugaste una mañana, cuando aún todos dormían, sin pensar que allí dejabas a lo mejor que querías…

Todos atentos, muchachos locos, que en esas noches, largas y frías, se juegan todas sus alegrías contra la suerte del tallador

Y haciendo alarde de su guapeza, con mano firme, leal y prolija, salta el más taura y se juega en fija a una carta con todo amor

Y entre pinta y contrapinta, cruza el pálpito fulero, que despierta en el timbero el alma de tiburón

Algunos más precavidos van jugando con medida, achicando la partida cuando llega la ocasión

Barra timbera, barra querida, como me gustan esos varones, que se devoran como unos leones, con ansias fieras al tallador

Entre el baraje del naipe maula mueven sus labios, con voz muy baja, como si hablaran a la baraja, como si hablaran junto a su amor

Y entre el humo de los puchos se van jugando sus dichas, y el ruidito de las fichas les golpea el corazón

Alrededor de la mesa, lista está la muchachada, palpitando separada cada cual con su ilusión

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